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Mi nombre es Daniel, tengo actualmente 28 años, mido 1.77 metros, peso 67 kilogramos, soy ingeniero civil y practico ciclismo de montaña. Mi historia comienza cuando yo tenía 25 años; mis padres tenían en ese entonces quince años divorciados; mi padre se casó nuevamente apenas unos meses después de conseguir el divorcio con una de sus alumnas, a la cual había embarazado y se mudó de ciudad casi inmediatamente, por lo que casi no volví a tener contacto con él, mas que a través de algunas esporádicas cartas y llamadas telefónicas de su parte; recuerdo claramente que en la segunda de esas llamadas me anunció que ahora yo tenía una hermana menor, cosa a la cual no le di la menor importancia en ese momento, pero que marcaría mi existencia futura.

Durante mucho tiempo lo único que sabía acerca de esta hermana era que su nombre es Elisa, ya que realmente nunca me interesó ponerme en contacto con el hombre que había abandonado a mi madre por otra mujer; sin embargo, debido a que fui seleccionado por la empresa para la que trabajo como parte de un equipo destinado a construir un nuevo proyecto en el interior de la república, me encontré de pronto viajando hacia el último lugar del mundo que deseaba visitar, la ciudad de Guanajuato, donde vivía mi padre con su nueva familia.

Debido a un arranque de sentimentalismo estúpido, le informé a mi padre de mi arribo. Al llegar a Guanajuato, cuando bajé del autobús en la Terminal, vi entre la gente que esperaba a un hombre mayor que sostenía un cartel con mi nombre, al acercarme pensando que sería alguien enviado por la compañía a recibirme, me sorprendí cuando este delgado y pálido hombre me abrazó mientras con lágrimas en los ojos me decía "¡Bienvenido hijo!".

Cuando reaccioné, me separé un poco de él, y observándolo con detenimiento pude reconocer en este acabado hombre a mi padre, admito que fui un tanto frío con él, pero no parecía darse cuenta, mientras hablaba sin cesar de cuánto lo alegraba verme de nuevo; cuando de repente se quedó callado por un instante y sonriendo levemente me dijo "Pero que descuidado soy, si aún no te he presentado a tu hermana" y al tiempo que decía esto hizo una seña a alguien que se encontraba detrás de mí y con un orgullo mal contenido dijo "esta es tu hermana Elisa".

Al volver la mirada, me quedé paralizado de asombro, ya que mi famosa hermanita era una verdadera belleza, tenía en ese entonces quince años recién cumplidos, mide 1.68 metros de estatura, pesa 58 kilogramos y sus medidas son 92 – 58 – 96, su cabello castaño claro caía en graciosos rizos casi hasta su cintura, su nariz es pequeña y respingada y sus ojos son color miel, su boca es pequeña de labios regordetes y tenía en ese momento una expresión de niña traviesa que después supe es habitual en ella, estaba vestida con unos shorts de mezclilla con peto, una camiseta blanca muy corta, tobilleras y tenis para aeróbicos.

Cuando al fin reaccioné y extendí mi mano para saludarla ella ya se estaba riendo abiertamente, mientras le decía a mi padre que para ser ingeniero civil, yo no parecía muy listo, a lo que me defendí pretextando que estaba cansado por el viaje, pero pensando en que estaba demasiado desarrollada para su corta edad. Acepté que me llevaran al hotel donde ya tenía reservaciones, pero insistieron en que si iba a estar mucho tiempo en la ciudad era mejor que me hospedara en su casa.

Traté de negarme diciéndoles que no creía que a la esposa de mi padre le pareciera buena idea que me quedara en su casa, pero con una repentina expresión de tristeza mi padre me contó que su esposa había fallecido un par de años atrás en un accidente automovilístico. Por lo que finalmente acepté cancelar la reservación del hotel y hospedarme en su casa.

Al llegar me sorprendí nuevamente al ver que la casa aunque pequeña estaba muy bien cuidada, con su pequeño jardín lleno de flores y tan pulcra que parecía salida de una revista de diseño de interiores; como mi padre se encontraba bastante cansado se quedo reposando en la sala mientras mi hermana me llevaba al piso superior para mostrarme la que sería mi habitación. Mientras subíamos no pude dejar de admirar las bien torneadas piernas y el redondo culo de mi hermana, una parte de mi pedía a gritos tocar ese precioso trasero, pero mi sentido común me indicaba que sería una locura; al fin llegamos al piso superior y ella me dio un rápido recorrido indicando cuál era mi habitación, la de mi padre y la suya, mostrándome asimismo el cuarto de baño mientras me explicaba que aunque mi padre ya no trabajaba, debido a un tratamiento médico se ausentaba continuamente de la casa y llegaba a permanecer hasta dos o tres días en el hospital.

Cuando entramos a mi habitación, ella se acercó a una silla y se sentó con una expresión muy seria en el rostro y me dijo que a mi padre no le quedaba mucho tiempo de vida, ya que tenía cáncer en etapa Terminal y que aunque había tratado de ocultárselo ella sabía que sólo le quedaban unos ocho meses de vida; mientras hablaba, silenciosas lágrimas caían por sus mejillas y me hizo prometerle que no le diría a mi padre que ella sabía de su estado, hecho lo cual se levantó de repente y salió corriendo de la habitación, donde me quedé descansando hasta que fue hora de la cena.

Cuando bajé a cenar la tristeza parecía haberse esfumado de la cara de mi hermana como si nunca hubiese estado ahí, durante la cena platicamos de banalidades, tratando de evitar el tema de mi madre y el divorcio; como a las diez de la noche Elisa dijo que se retiraba a descansar, por lo que me quede a solas con mi padre por primera vez en quince años y sin que yo se lo pidiera me explico todo lo que había sucedido desde que empezó su relación con la madre de Elisa hasta su muerte y pude darme cuenta que no había sido el monstruo malvado que yo me imaginaba, sino que realmente el separarse había sido lo mejor para mis padres.

En este punto, mi padre me confesó lo de su enfermedad y su temor de dejar sola a mi hermana siendo ella tan joven, por lo que me preguntó si podría hacerme cargo de ella cuando el ya no estuviera, a lo que tuve que responder que lo pensaría; le di las buenas noches y me retiré a mi habitación para estar mas descansado al día siguiente en que me presentaría a mi nuevo trabajo.

Durante los días siguientes casi no pude ver a mi padre y hermana, debido a que salía muy temprano a trabajar y regresaba muy tarde, aunque lo que realmente trataba de hacer era evitarlos, ellos hicieron todo lo posible para que me sintiera como en mi propia casa; cuando llegó el fin de semana, el sábado muy temprano mi padre me informó que pasaría un par de días en el hospital, para que le aplicaran radioterapia, así que me quedé solo con Elisa.

Durante toda la mañana casi no hablamos, pero a la hora de la comida decidí platicar con ella para empezar a conocernos un poco mas; mientras comíamos me comentó estaba pensado que ella no me caía muy bien porque la estaba evitando, a lo que conteste que lo que realmente sucedía es que como acababa de llegar a la ciudad tenía mucho trabajo y además estaba acoplándome al nuevo ambiente, pero que en lo sucesivo trataría de estar mas en casa; pero en realidad lo que me hacía pensar en eso, era el ligero vestido de verano que ella traía puesto, que a pesar de cubrirla totalmente, permitía adivinar fácilmente cada curva oculta bajo él.

Durante la plática surgió de nuevo el tema de mi padre y su enfermedad, en esta ocasión ella se derrumbó totalmente, y comenzó a llorar desconsolada, por lo que la abracé tratando de calmarla un poco, así abrazada la llevé hasta la sala y me senté atrayéndola hacia mi, se acomodó a mi lado y yo la acuné como si fuera un bebé y así seguimos platicando largo rato hasta que se calmó, sin embargo, para mi la cercanía de su joven cuerpo resultaba bastante inquietante, por lo que traté de separarme discretamente de ella, pero ella con una sonrisa traviesa se aferró a mi y comenzó a tratar de hacerme cosquillas.

Para defenderme de su ataque, traté de sujetar sus manos, con tan mal tino que lo que realmente agarré con fuerza fueron sus duros senos, el contacto apenas duró un instante, sin embargo bastó para sentir deseos de mantener mis manos ahí, de cualquier modo, Elisa no pareció darle importancia al hecho y se colocó sobre mi para seguir haciéndome cosquillas, pero yo estaba mas atento a la sensación de su vientre frotándose contra mis piernas; la sujeté por la cintura dudando entre si atraerla hacia mi ya erecto pene o retirarla de mi, pero en ese momento, tal vez pensando que yo también trataría de hacerle cosquillas, escapó hábilmente levantándose y echando a correr, como deseaba prolongar el juego, la seguí hasta la cocina y al sujetarla por la cintura para atraparla, de repente sentí la dureza de sus nalgas apretada contra mi pene, el cual se encontraba ya tan duro que era difícil contener la tentación de liberarlo; en ese momento el pensamiento de que se trataba de mi hermana me contuvo y bastante turbado la solté, temiendo su reacción, sin embargo ella no pareció darse cuenta de nada, a pesar de lo cual di por terminado el juego y me retiré a mi habitación.

Con el transcurso de los días, y ante las cada vez mas continuas ausencias de mi padre, comencé a sentir un gran afecto por mi hermana, y desarrollamos una relación muy cercana, al grado de que me contaba todo sobre ella, su escuela y sus amigas, ante las cuales me presentó muy orgullosa; a pesar de todo, en mi interior algo me impedía verla simplemente como mi hermana, una pequeña parte de mi la veía como la hermosa mujer en que se estaba convirtiendo, y era esa parte la que me hacía prestar atención especial a cómo se vestía, su manera de caminar y hasta el aroma del perfume que acostumbraba usar.

Como ella cada vez tenía mayor confianza en mi, yo aprovechaba cada oportunidad que tenía para verla lo mas ligera de ropa que fuera posible, y también trataba de acompañarla cada vez que de compraba ropa para influir en ella y que se vistiera mas de acuerdo a mis deseos, cosa que poco a poco logré.

Aproximadamente seis meses después de mi llegada, la salud de mi padre empeoró de gran manera, por lo que hubo necesidad de internarlo permanentemente en el hospital, fue durante estos últimos días de su enfermedad que accedí a hacerme cargo totalmente de mi hermana; como si mi padre únicamente estuviese esperando que le diera mi palabra, falleció apenas un par de días después.

Durante el sepelio de mi padre, le informé a Elisa que yo sería su tutor y el albacea de los bienes que éste le había heredado, aunque esto no pareció consolarle mucho dadas las circunstancias; al regresar a casa después del sepelio, Elisa se veía tan desconsolada que apenas parecía poder mantenerse en pie, así que la ayudé a subir a su habitación y le deseé buenas noches. Cuando me preparaba para dormir, escuché que mi hermana tocaba suavemente la puerta de mi habitación y entraba con el rostro arrasado de lágrimas; al preguntarle qué le sucedía, me respondió que no se sentía capaz de pasar esa noche sola, y me pidió que la dejase dormir conmigo.

A pesar de comprender perfectamente el trauma por el que Elisa estaba pasando, dudé de permitirle acostarse conmigo, ya que el hecho de verla vestida tan sólo con un pijama rojo de dos piezas de tela tan delgada que permitía adivinar perfectamente cada una de sus deliciosas formas femeninas, provocaba que mi pene se pusiera duro como roca; sin embargo, en parte por el deseo de protegerla y en parte por el placer de sentir su cuerpo tibio junto al mío accedí finalmente a su petición; en cuanto se acostó, mi hermana se abrazó con fuerza a mi y comenzó a llorar en silencio, por lo que pasé mi brazo derecho alrededor suyo y la consolé mientras acariciaba suavemente su espalda.

Al cabo de un largo rato, por fin la venció el sueño, pero yo no podía dormir debido al intenso deseo que me provocaba tenerla ahí a mi lado, así que muy lentamente baje mi mano a lo largo de su espalda y suavemente acaricié su suave y firme trasero; no se si fue debido a ello o a algo que estaba soñando, se quejó levemente y se giró, quedando de espaldas a mi, como de cualquier manera mi brazo había quedado bajo su cuerpo, giré hacía ella para tratar de liberarlo, pero al moverme mi mano quedó levemente apoyada en uno de sus senos, mientras la punta de mi erecto pene rozaba la profunda grieta entre sus nalgas, en esa posición me quedé congelado por varios minutos, pero al ver que Elisa no se movía y que su respiración se hacía mas profunda, adelanté lentamente mi cadera mientras con mi mano izquierda atraía su cuerpo hacía mi, de manera que mi pene quedó firmemente apoyado entre sus nalgas, separado únicamente de ellas por la tela de su pijama y la del short de algodón que yo tenía puesto; mientras tanto, con mi mano derecha, acariciaba suavemente sus senos.

Así estuve durante unos minutos, hasta que al ver que mi hermana dormía profundamente, bajé poco a poco el pantalón de su pijama, hasta dejar descubiertas en su mayor parte sus nalgas, después, liberé mi pene del short y volví a acomodarlo entre ellas, para entonces, también había metido mis manos bajo la blusa de su pijama y acariciaba suavemente sus ya erectos pezones, sin embargo, un leve movimiento por parte de Elisa me hizo recuperar la cordura y después de acomodarle lentamente la ropa, me di la vuelta y me masturbé salvajemente, hasta que tuve un gran orgasmo; limpié calladamente el desastre que había dejado y traté de dormir, con no muy buenos resultados.

Una vez que pasó el trauma de la muerte de mi padre, reanudamos nuestra vida de modo muy parecido a como había sido antes de su fallecimiento, pero había una curiosa sensación de vacío que a pesar de estar juntos no se llenaba, y los juegos y las risas se hicieron menos frecuentes por un par de meses, sin embargo, poco a poco, Elisa recuperó esa expresión traviesa que la caracterizaba y el secreto deseo que sentía por ella siguió creciendo.

Un día al regresar del trabajo me dirigí al baño y abrí la puerta casi sin pensar, encontrándome de frente con mi hermana vestida tan sólo con unas minúsculas braguitas y una toalla enredada en la cabeza, murmuré unas apresuradas disculpas y cerré rápidamente, pero la imagen se quedó grabada con fuego en mi mente y me provocó una salvaje erección; unos segundos después mi hermana salió del baño vestida con un camisón color blanco que le llegaba un poco mas arriba de las rodillas y se traslucía levemente y totalmente sonrojada me pidió que en lo sucesivo tocara la puerta antes de entrar, por lo que volví a pedirle disculpas y le prometí que no se repetiría, pero mi pene pensaba de otra manera, pues seguía abultando notoriamente el frente del pantalón, afortunadamente ella pareció no darse cuenta y se fue caminando lentamente hacia su habitación.

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Desde ese día, al margen del cariño que sentía por Elisa, la imagen de su cuerpo desnudo y el recuerdo de esa noche en que casi perdí el control, me acompañaban a toda hora, pero debido al pensamiento de que se trataba de mi hermana y de su edad, me contenía y trataba de rechazar esos pensamientos de Elisa entregándose a mí sin reservas. Así, transcurrió un año y medio; por esas fechas, Se acercaba el cumpleaños diecisiete de Elisa y yo había planeado con sus amigas una gran fiesta, cuando llegó el gran día saqué a mi hermana de la casa con pretexto de hacer algunas compras y estuvimos fuera unas cuatro horas, durante las cuales estuve en constante estado de excitación, debido a que ella estaba vestida con un pantalón blanco que parecía pintado a su cuerpo, sandalias de tacón alto y una pequeña blusa sin mangas que dejaba al descubierto su hermoso abdomen.

Al llegar a casa como a las siete de la noche, yo esperaba que sus amigos ya estuvieran escondidos y preparados para sorprenderla, pero la sorpresa me la llevé yo al encontrar una nota que decía que nos esperaban en un antro de moda del centro de la ciudad; al llegar ahí, vi que realmente era mejor idea y estuvimos festejando hasta pasada la una de la madrugada, hora en que me llevé a casa a una muy tomada Elisa.

Al bajar del auto, la tomé de la mano para ayudarla a salir, pero estaba tan ebria que cuando salió, se tropezó y quedamos prácticamente abrazados; cuando sentí la calidez y firmeza de su cuerpo y tal vez debido a que el alcohol me desinhibió bastante, la tomé fuertemente en mis brazos y la besé por primera vez, beso que para mi sorpresa fue plenamente correspondido.

Al separarnos, me quedé mirándola un tanto asombrado y ella con una sonrisa me dijo "Pensé que nunca te ibas a decidir", dicho lo cual fue ella la que me besó, y así besándonos entramos a la casa y sin poder contenerme más comencé a despojarla de su ropa, acariciando cada centímetro que quedaba al descubierto, mis labios seguían a mis manos, por lo que para cuando acabé de desnudarla ya había besado y acariciado cada centímetro de su maravilloso cuerpo.

Respirando agitadamente ella también trataba de quitarme la ropa, pero su inexperiencia hacía difícil que completara su labor, por lo que la cargué y la llevé hasta mi habitación, donde la deposité suavemente en la cama y mientras la besaba me desnudé rápidamente; al acercar mi mano a su entrepierna, sentí claramente lo excitada que se encontraba, por lo que mientras mi mano la acariciaba ávidamente, comencé a besar todo su cuerpo muy lentamente, para lograr que su excitación llegase hasta el límite, cuando mi boca llegó a la altura de su sexo, un delicioso aroma llenó mis sentidos y cuando probé su sabor, me perdí totalmente en la sensación de estar por fin haciéndole el amor a mi amada Elisa; lamí suavemente su sexo de abajo a arriba, buscando la pequeña protuberancia de su clítoris, cuando lo encontré, comencé a chuparlo con todo el deseo que tenía acumulado desde hacía mas de dos años; mientras lamía y chupaba el delicioso sexo de mi hermana, mis manos acariciaban todo su cuerpo y mis oídos se deleitaban con el sonido de sus suaves gemidos, después de un tiempo que me pareció demasiado breve, sentí cómo su cuerpo se tensaba en un gran orgasmo y bebí con deleite todo el líquido que salía de ella.

Para ese momento, el pene me dolía de lo duro que estaba, así que comencé a subir lentamente por su cuerpo hasta que mi cabeza volvió a estar junto a la de ella, en ese momento me besó con gran pasión y una de sus pequeñas manos tomó mi miembro y comenzó a acariciarlo con algo de torpeza, por lo que poniendo mi mano sobre la suya le enseñé como debía hacerlo; después de un rato de acariciarnos mutuamente le pregunté si estaba lista, a lo que contestó susurrando un "Sí" muy suave en mis oídos, por lo que separé sus piernas y con gran cuidado me coloqué entre ellas, descendiendo muy lentamente hacia ella, sentí como la cabeza de mi pene comenzaba a separar muy despacio los labios de su sexo, buscando la entrada que me abriría las puertas del paraíso.

Al comenzar a sentir como entraba lentamente en ella, tuve que detenerme un momento para controlarme y evitar que mi orgasmo llegara demasiado pronto, así como para darle tiempo de acostumbrarse a tenerme dentro de sí; durante este instante, a pesar de sus ojos llenos de lágrimas de dolor, ella rodeó mis caderas con sus piernas y me jaló hacia ella; viendo que estaba mas que preparada para recibirme, continué con la penetración, hasta que un repentino grito por su parte me anunció que la última barrera estaba rota, me detuve nuevamente para que pasara un poco el dolor y luego lentamente comencé a moverme, poco a poco, su expresión cambió del dolor al placer y transcurridos un par de minutos ya comenzaba a responderme alzando sus caderas cuando yo empujaba hacia ella.

Nuevamente perdí el sentido del tiempo mientras me movía cada vez mas rápidamente, sintiendo intensamente el placer de encontrarme dentro de Elisa y saber que ella me correspondía plenamente, no me importó el parentesco que nos unía, ni lo que fuera a suceder al día siguiente, lo único que existía era ese breve e intenso instante en que por fin éramos uno sólo; entonces, comencé a sentir cómo un gran orgasmo se formaba dentro de mi, me pareció que todo mi cuerpo fuera a estallar en ese momento y toda mi vida de concentraría en ese último momento y los gemidos y movimientos de Elisa me indicaban que ella se aproximaba también a su propia culminación; sólo unos segundos después, mi orgasmo explotó y me pareció perder el sentido por un momento, lo único que recuerdo es que ambos gritamos casi al mismo instante y que sentí como toda mi fuerza me abandonaba, mientras me deslizaba lentamente hacia un costado de Elisa, sin dejar de abrazarla.

Un momento después, mientras trataba de recuperar el aliento, escuché como mi hermana salía silenciosamente de la habitación y un instante después la puerta de su habitación al cerrarse; me levanté rápidamente y fui a su habitación, pero encontré la puerta cerrada; toque suavemente y le pedí que me dejara pasar.

Después de un minuto, la puerta se abrió y ella se arrojó a mis brazos llorando, mientras decía que no pensara mal de ella, que estaba demasiado tomada y que se había dejado llevar, comencé a consolarla diciéndole que la amaba mucho y que no pensaba mal de ella, que si alguien tenía que disculparse era yo, pero que había sido la experiencia más maravillosa de mi vida y que ciertamente no me arrepentía para nada de ella.

Mientras la consolaba, como estábamos abrazados sentía su cuerpo desnudo apoyado contra mi, lo que provocó que mi pene se levantara nuevamente, al sentirlo, mi hermana se quedó muy quieta por un momento y entonces me tomó de la mano y me llevó hasta su cama, donde se sentó y viendo fijamente mi miembro dijo "me parece imposible que algo tan grande cupiera dentro de mi" como única respuesta, tomé su mano y la guié hasta mi pene, el cual sujetó tímidamente, sin embargo mientras su mano comenzaba a moverse lentamente ella lo contemplaba como hipnotizada.

De repente, levantó la vista hacia mi rostro y dijo "¿Crees que esté bien lo que hacemos?" a lo que contesté que yo lo hacia no solo porque la deseaba sino porque la amaba mucho, a lo que solo respondió "Yo te amo mucho hermano" dicho lo cual bajo lentamente la cabeza buscando mi pene y le dio un suave beso, al que siguieron muchos más mientras su mano continuaba moviéndose sobre mi miembro, un rato después de estar acariciando mi pene, me dijo que si podíamos repetir lo que habíamos hecho hacía un rato, a lo cual respondí tomándola de la cintura y colocándola sobre mi, acomodándola de forma que ella misma pudiera controlar la penetración; después de un momento de indecisión, Elisa comprendió lo que deseaba que hiciera y guiando mi pene con su mano, se acomodó sobre él y se dejó caer suavemente.

Tomándola por las caderas le indiqué que las moviera en círculo mientras yo me movía de arriba a abajo, en poco tiempo ambos nos habíamos acoplado de tal manera que parecía que tuviéramos años haciéndolo, después de un rato sentí como Elisa aceleraba el movimiento de su cadera, lo que intensifico las sensaciones que me provocaba su cuerpo, un momento mas tarde ambos explotamos en un orgasmo que aunque fue menor que el anterior, no por ello fue menos satisfactorio, y deslizándonos uno en brazos de otro, nos quedamos dormidos.

A partir de ese día no pasó una sola noche sin que hiciéramos el amor, y poco a poco mi hermana Elisa y yo aprendimos las mejores maneras de darnos placer uno al otro. Un par de meses después, el proyecto de construcción en que trabajaba llego a su fin con éxito, por lo que vendimos todo y regresamos a vivir a la ciudad de México, Elisa se cambió los apellidos y yo se la presenté a mi madre, ocultándole que se trataba de mi hermana, ahora estamos a un par de meses de casarnos y nunca nos hemos arrepentido de la decisión que tomamos.

Posted Jun 26, 2017 at 10:05am

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